jueves, 5 de mayo de 2016

EL SEMBRADOR DE LO OCULTO

NÉSTOR CRESPO

Pocos hombres tienen el valor de conformarse con su propia locura. Para Néstor Crespo el tiempo de los monos ya había acabado y dejó de contemplar a sus semejantes cómo a simios grandes. Pasaba el tiempo en la habitación más oscura de su casa rodeado de suciedad y bolsas de basura sin atreverse a salir a la calle porque todo le parecía desagradable. Llevaba unas cuantas semanas así, sin salir de su casa, sin bajar la basura, comiendo muy poco y sólo una vez al día y escuchando la radio de madrugada porque no podía dormir hasta que llegaban las cinco de la mañana y entonces dormía unas horas y a las once de la mañana se despertaba y se quedaba largo rato en la cama, sin querer salir de casa. Para muchos doctores Néstor podría estar sufriendo una grave depresión, pero lo que a él le sucedía es que estaba cambiando. De hecho él sentía que había crecido unos cuantos centímetros estando en la cama y que se había estilizado mucho su cuerpo por la falta de alimento y de alguna manera se sentía bien así y no quería cambiar.

A veces había desfiles de luces de colores en su habitación y por la noche extrañas sombras reptaban por la casa sin encontrar Néstor ninguna explicación lógica a todo el asunto, pero le aterraba más la calle a su propia habitación y sin embargo no sentía exactamente miedo sino una nausea y un mareo por todo lo que significara enfrentarse a la vida.

Néstor soñaba que dormía en otras camas y tecleaba sus experiencias en el ordenador durante más de diez años. La sensación era que no dormía en su cama sino en otras y en otros lugares y cuando se quedaba dormido la sensación era de no estar durmiendo en su cuarto.

Los amigos volvieron a buscarle y al final consiguieron que se aseara y se diera una ducha, una por una fueron bajando los amigos las bolsas de la basura y luego le ayudaron a hacer limpieza.

--¡Otra vez así, Néstor! ¡Siempre la misma historia! ¡Nos preocupas!

Los amigos le echaban la bronca para que se componiera e hiciese su vida y no viviera fuera del mundo, pero Néstor no parecía escuchar y se encontraba ausente.

Pero Néstor había decidido vivir fuera de la realidad, en mundos extraños que no le cansaban y le esperaban, su verdadera casa en el fondo.

Invitaron a Néstor sus amigos a un café y él parecía estudiar el mundo nuevo y extraño que le circundaba.

Esa noche Néstor soñó con barcos que iban a la deriva y él iba en ellos y las olas eran negras, enormes y muy altas.

Después de unos días, Néstor se atrevió a salir de casa y lo primero que hizo fue ir hasta el banco, ahí le quedaba un poco de dinero de sus ahorros y cogió un buen montón.

Luego se perdió por los bares del centro y se pedía un vino tras otro y se sentía muy animado. El mundo volvía a tener un color nuevo y él se sentía a gusto bebiendo y así llegó la hora de comer y Néstor no quiso regresar a su casa, hacia las seis de la tarde, muerto de hambre y de sueño, volvió a su hogar y durmió durante doce horas seguidas.

Cuando Néstor despertó sabía que la sexta raza de seres humanos ya estaba creada por los padres extraterrestres y él se acordó cuando de pequeño tuvo que elegir entre cuatro vasos amarillos y él lo recordaba así pero no eran cuatro vasos amarillos sino cuatro vasos de colores y a él le gustaba el rojo pero eligió el amarillo para poder aprender algo cuando lo cierto era que eligió el naranja y ahora con la sexta raza que venía a la Tierra él reencarnaría después de la Ocupación y la Gran disolución en un humano que viviría 800 años y para éstos los seres humanos de otra edad, los  seres que ahora habitamos la Tierra, serían seres oscuros y terroríficos cómo ahora lo son para nosotros los vampiros y los hombres lobo. Néstor sabía todo y en silencio callaba, pero su alma quería expresar...¿Pero quién iba a creerle? Sin embargo él podía saber cosas que no sabría nunca nadie...¿Y cómo podía compartirlas? Su mente se hacía al caos.

Néstor guaradaba en su casa cajitas de ceniza, un puñado de ceniza por cada sueño juvenil roto o estropeado. Así guardaba Néstor muchas cajas de ceniza porque en el fondo lo que quería era no olvidar.

Sus vecinas "las pericas" cómo así se llamaban de vez en cuando le traían comida a su casa en grandes pucheros, ese día de verano las pericas le trajeron un gran puchero de condimento y una pequeña tarta. Así fue cómo Néstor pasó una tarde agradable pero se daba cuenta de que tenía que salir al mundo, a la calle, y expresarse libremente y ser quién era. Pero eso lo haría después de bien comer.

Entonces Néstor recordó la frase de Goethe: "Todo lo perecedero no es más que un símbolo"
Esa frase quería decir que la simple carne mortal que somos es el espejo de algo mayor, algo que había que investigar y así sucedía con todas las cosas y con el mundo que nos rodeaba, todo era un misterio que evocaba a algo mayor y sin duda ese algo mayor valía la pena que fuera investigado. Y esa era la misión de vida, Misión en la Tierra, del bueno de Néstor Crespo. Eso era totalmente una realidad y no había que dejarse amilanar por ella.

¿Pero qué significaba su vida?
También era un símbolo y un misterio.

--La mies es poca y los obreros muchos--pensó Néstor--de no evitarlo una tercera guerra mundial los jóvenes de ahora sólo tendrán una pensión de unos 300 euros cuando sean mayores...¡Pero la tercera guerra mundial es inevitable y la aniquilación de una gran parte de la raza humana también lo es...y todo porque la mies es poca y los obreros muchos. Tiempo de precariedad y colapso.

Y dando un brinco salió de su casa, en dirección a los bares del centro, con un buen fajo de billetes...de cinco euros.

EL ESPEJO DE ESCAYOLA

Néstor Crespo se mira en el espejo, tiene dieciocho años recién cumplidos y empieza el verano con moratones en el pecho y vientre porque un amigo le ha dado una paliza en broma, ritos iniciáticos de la adolescencia. Néstor  se encuentra viviendo en casa de su abuela y estudiando el carnet de conducir, hoy escribe con la vieja Olivetti de su abuelo un bello cuento titulado "El espejo de escayola" y en el habla del Más Allá.
Tiempo de beber litros de cerveza a las puertas de las panaderías pasando la botella entre amigos.
Néstor ha tenido un desdoblamiento astral y ha visto el Más Allá y con eso está haciendo un cuento que escribe en el caluroso mes de junio en la Olivetti de su abuelo.
El cuento es muy bueno, describe las calles y objetos que el vio en el Más Allá, un mundo muy parecido al nuestro con calles limpias y empedradas de mármol y bellas avenidas y edificios refulgentes.
Néstor no recuerda si es su primer viaje astral o no, no es aprensivo y dormir en el cuarto donde su tía ha muerto de leucemia no le ha dado ningún miedo, antes al revés: sabía que sería un pasaporte para alcanzar alguna dimensión desconocida.
El cuento se perdió, viajo entre carpetas a través del tiempo y se perdió. Fue presentado a algunos concursos literarios que no fallaron a favor de él y al final el cuento se perdió.
Fue entonces su mayor momento de cambio.
Nunca se sacaría el carnet de conducir.
Néstor entonces recuerda de aquella época de sus dieciocho años recién cumplidos aquel bar de la jarras polares o jarras heladas de cerveza donde él era tan buen cliente, le llegaron a contratar cómo relaciones públicas y le pagaban en cervezas y él llevaba a todo el instituto a ese bar y también lo que hacía era dar volantes y entradas para aquel sitio. Y nunca pidió dinero, lo suyo le parecía que no era trabajar. Era muy ingenuo entonces por aquellos tiempos. Siempre tenía sus jarras polares o jarras heladas de cerveza esperando en aquel bar y se tomaba siete u ocho durante toda la noche y ese era el pago a sus servicios y nunca le dolió la garganta por el frío ni la tripa ni se sintió mareado o mal , al contrario disfrutó mucho de esos días que duraron un verano o quizás poco antes. Sencillamente le cayó simpático a los dueños, recuerda a un hombre moren con gomina en el pelo y buenas camisas algo chaparrito. Fueron buenas tardes las que pasó y muchos años después, cuando ya había recién cumplido los cuarenta años, quiso volver a ese bar y llevaba mucho tiempo cerrado y estaba en estado de ruina y semiabandonado y habían pasado 25 años y Néstor se dio cuenta de que en 25 años no había vuelto a ir a ese bar...¿Por qué? No sabría decirlo, la zona de copas y de marcha donde estaba ubicado aquel bar en sus inmediaciones, murió. Ya no quedaba casi nadie en aquella especie de polígono cuadrado lleno de bares, casi todos habían cerrado. La diversión se traslado a otras zonas de la ciudad, habían pasado casi treinta años desde entonces.

UN PUNTO DE SABOR

Pero estar bien tampoco es lo mejor muchas veces porque resulta o puede resultar aburrido, es entonces cuando la actualidad se abre a la proximidad de los sentidos y hace allí su casa. Van pasando los automóviles a tu lado y recuerdas aquella tarde de calor en Sevilla en un bar que no era ni grande ni pequeño y si un poco cutrecillo donde se bebía bastante y pasaban extrañas personas que podías ver por una diminuta ventana de barro.
Luego tu primo te llevaba en moto por los poblados y por las barriadas de casas dispersas y atravesabas un gran puente sobre el río y luego la ciudad que era inmensa.
Las croquetas de chipirones tenían un punto de sabor.
Y luego fuiste a un gran concierto de un grupo de rock de los Estados Unidos y lo pasaste muy bien y al descansar todavía tenías música en la cabeza.
Recuerdos, tan sólo estás hablando de recuerdos.
El parque central.
Las mujeres ligeras de ropa.
El sabor del vino de manzanilla.
La luz.
La playa quedaba lejos, carromatos y caballos y restaurantes de pizzas.
Un chalet a lo lejos.
El cuento que escribiste (y que era de terror)
Y luego regresar.

EL HOMBRE QUE HABÍA DESPERTADO

Néstor Crespo tuvo en su mente muchas ideas que dejar avanzar, la mayor parte de ellas eran ideas sobre Dios. Subió a un autobús donde una argentina con tatuajes rojos llevaba a su hija pequeña consigo acompañada de un señor español que era su pareja llevando a su hijo mayor con él. Se estaban dando extrañas uniones en este mundo en el que los mejores optaban a las mejores parejas, aunque también muchas veces era cuestión de suerte.
Néstor pensaba en Yavé, pensaba que Yavé había sido un Extraterreste Oscuro y Jesucristo un Extraterreste de la Luz y que Dios era un extraterrestre y Jesucristo había sido otro y que los seres humanos somos creaciones mixtas de extraterrestres claros y oscuros...¿Y eso qué más daba?
¿Quién era Dios? Dios era el ser que creó al extraterrestre que nos creó a nosotros y que llamamos Dios, luego Dios tenía que existir pero no era el dios que adorábamos.
Todas las religiones eran cuentos y las democracias también.
Sólo había realmente un dios: el dinero...y se estaba muriendo.
¿Qué iba a pasar con el mundo?
¡Iríamos hacia una tercera guerra mundial!
La argentina y el señor se bajaron antes que él y se metieron en un bar.
Él se bajó en la siguiente parada y se metió en otro bar.
¡Los bares eran la verdadera religión, eran la única Verdad, el alcohol era la única Verdad y el tabaco era la única Verdad y la droga era la única Verdad y el sexo era la única Verdad y pasarlo bien era la única Verdad...y Dios era un extraterrestre!
Pensó en eso mientras se emborrachaba.
Luego pensó sobre el tema del odio a la vida, sobre el tema de la gente que odiaba la vida y sobre el tema del odio en general y del odio a la vida en particular. Personas muy frustradas con la vida que odiaban su vida y la vida en general y que sólo querían que ocurriesen desgracias a todo el mundo y que el mundo se destruyera por completo. Pensó en toda la gente amargada que existe deseando que se acabe el mundo porque su vida es una mierda. Pensó en todas esas personas, cada vez eran más. Cada vez había más gente amargada y resentida. El mundo se estaba convirtiendo en un lugar muy peligroso. Demasiada gente dolida, demasiada gente frustrada, demasiada gente amargada...¿Y por qué no se metía esa gente en las drogas...? ¡Por lo menos así podrían disfrutar algo más de todo lo que les rodeaba! ¿Y por qué esa gente no se hacía alcohólica? ¡Así serían más felices! En vez de eso se dedicaban a esperar el fin del planeta Tierra y gozarse de que el mundo estuviera cada vez peor. Y en la televisión, internet y los periódicos, buscaban desgracias.
El mundo necesitaba una nueva droga, algo que colocara mucho a la gente y las sacara de sus miserables vidas. El alcohol ya no era suficiente, aunque para Néstor el alcohol si era lo bastante y algún porrito de vez en cuando pero sin abusar...¡Ay, Dios! ¡Qué vida ésta!
Néstor dejó de quejarse y cambió de bar, se fue al bar de su amiga china Sing-Young que ponía cervezas muy baratas, iba ya de buen humor.
Cuando llegó Sing-Young no estaba.
--Pregunta a Sing si ha dejado un sobre para nosotros--decían un par de viejos.
--No está, está en el hospital--decía la china que la substituía.
--¡Pero tiene que haber dejado un sobre para nosotros, mira a ver bien!
Los viejos eran muy impertinentes, habían llegado a cobrar el alquiler y seguramente no había nada de dinero...
--¡Llámala por teléfono!--ordenaban los viejos muy exigentes.
--No hay sobre--dijo un chino que hacía de camarero.
Los viejos estaban que echaban chispas...¡Cómo iría la economía en España si ya no funcionaban los bares de los chinos!
Néstor se dio cuenta de que no le habían puesto tapa,algo de picar,  el negocio iba mal.
Pagó su cerveza barata y se fue, los viejos se quedaron ahí con mucha cara de gilipollas.
¡Oh, España! (Sus cervezas baratas en bares regentados por chinos y alquilados a viejos avariciosos)

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