En la penumbra de su hogar lo encontraba todo: tenía cerca las bolsas de plástico con los víveres y también tenía las botellas de licor y unas latas. A veces llegaba una luz difusa por la ventana y era una luz herida que venía de otro mundo y luego con esa luz descansaba.
En algunos momentos se encontraba solo y en otros venían amigos a hacerle una visita y la visita no duraba mucho y después, cuando los amigos se marchaban, volvía de nuevo a su rincon y cogía los víveres con la mano y se alimentaba echado y así pasaban las horas.
Recordaba cosas de su propio mundo interior, cosas que no tenían mucho sentido y que habían pasado ya y luego se volvía a dormir y se levantaba de madrugada al servicio y se volvía a acostar de nuevo.
La vida de trabajo no era tal, se colocaba cerca del ordenador y lo que hacía era escribir para empresas de cadenas de música y con eso ganaba algún dinero, pensaba en viajar de nuevo a Ecuador o volver a vivir en Cuba y en medio de todo eso sonaba el despertador que le decía que su jornada de trabajo ya había concluido.
Debajo de las escaleras estaban los objetos de limpieza del hogar que rara vez usaba y por la noche no salía hasta que un día llegó un rayo de sol que despertó su conciencia y se acercó hasta las escaleras y revisó sus elementos de limpieza y luego descansó un poco más.
Una tarde su amigo Roberto llegó sudoroso, venía de atracar un supermercado y se había llevado 300 euros, lo había hecho encapuchado y nadie lo había descubierto. Salieron entonces por la zona de bares del casco viejo y tomaron patatas fritas con arroz y unas cuantas cervezas, luego de madrugada se enteró de que su amigo Roberto había sido detenido y se alegró mezquinamente de que al menos le hubiera convidado a cenar.
Los días pasaban y ya nadie tenía noticias de Roberto, estaba en prisión y muy lejos de la ciudad, incluso del extrarradio y nadie quería ir a visitarle, él tampoco, así que se durmió un poco más y dejó que pasara el tiempo.
Clexi dormía mucho y siempre que lo hacía era porque en él se estaba produciendo un cambio, de nuevo crecería unos centímetros más, de nuevo le saldría una mata de pelo pelirroja donde antes sólo había una calva, a sus 35 años Clexi no dejaba de cambiar físicamente y no dejaba de crecer algunas veces y otras de engordar y otras de tener pelo o le cambiaba el mentón o las mejillas o la forma de la nariz, siempre cambiando Clexi nunca era el mismo y a veces los amigos no le podían reconocer con facilidad.
"Viento del norte y cambios bruscos de temperatura, un poco hacia arriba y un poco hacia abajo pero estoy bien"
Clexi iba apuntando en su diario el tiempo meteorológico, pensaba que le afectaba y mucho.
El reloj despertador le indicó que había terminado su jornada de trabajo y quiso salir al jardín de la casa a ver amanecer el alba pero cuando lo hizo se golpeó con la lámpara, había crecido esta vez más de veinte centímetros y las uñas de los pies estaban moradas. Clexi no sintió ningún miedo pues en vez de hacerlo llamó a los gatos del jardín y Misca y Chusco llegaron con pequeños ratones-topos entre los dientes sangrantes y depositaron aquel trofeo ante su dueño y se largaron ronroneando felices de su buena acción.
Clexi sintió pena por los pequeños ratones-topo y los depósito en una caja en la acera cuando salió a tomarse un poco de Cazalla porque pensaba que era lo mejor , así a alguna persona pudieran interesarles.
Sin saber cómo Clexi se encontró en la calle por primera vez en mucho tiempo y sus pasos le dirigieron hasta la línea del metro Prosperidad y allí se subió sin darse cuenta de que no se había duchado y por el camino compró a unas gitanillas pañuelos clines perfumados y se los fue pasando por la cara, se tocó la cabeza pero no había salido pelo y se tocó la nariz y se dió cuenta de que se había curvado un poco, en el metro se quedó dormido y se saltó dos estaciones y al final acabó llegando al lugar onde no quería llegar, al barrio Nocte.
Sin embargo estar de nuevo en el barrio Nocte le pareció una aventura, una aventura que quería disfrutar. Cogió una peña grande con la mano y la arrojó lejos, bien lejos.
El barrio Nocte estaba en un descampado de la ciudad y todavía no había casi nada construído sólo un par de bares para los rudos obreros emigrantes, se adentró en uno de ellos y consumió patatas con arroz y entonces se encontró con un señor con sombrero que le miró con odio y no sabía por qué y luego una mujer con redecilla le dijo adiós con una mano y no la conocía de nada y las patatas con arroz estaban quemando y en un momento se congelaron y Clexi salió de bar algo extrañado y olvidándose de pagar la consumición pero dándose cuenta de que había vuelto a comer la cena con Roberto.
Cuando regresó a casa se encontró cansado y de nuevo se echó en la cama al lado de las bolsas con víveres y licor y comió un poco echado, todavía no tenía que ponerse a trabajar para las discográficas y disfrutaba de su tiempo picoteando aquí y allá de las bolsas y abrió una botella de licor y pegó un buen trago y luego se quedó su boca cómo dormida y así hasta la mañana siguiente pues sin saber cómo se volvió a quedar otra vez dormido.
Cuando se despertó había comenzado la tercera guerra mundial y los rusos estaban invadiendo Europa, no le importó mucho porque no tenía gran aprecio a su vida y además le parecía todo cómo un sueño pero la gente estaba nerviosa llenando los bares.
--Hola--dijo Roberto--, me he escapado de la cárcel.
Clexi sabía que no es que se hubiera escapado de la cárcel Roberto sino que le habían dejado salir para formar parte de la carne de cañón que iba a parar a los rusos en los Pirineos en la frontera con Francia.
--Vaya, qué bien--dijo Clexi sin entusiasmo---¿Cómo me has reconocido?
--Por el chaleco.
Y volvieron a comer patatas con arroz.
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