martes, 22 de marzo de 2016

EL AÑO DE PISCIS (SEGUNDA PARTE)

Lo primero que piensas es que estás en un bar que no existía más que en tus sueños pues habías visto un bar parecido soñando, es la zona de Isabel la Católica junto al bar Universal, pero allá sólo hay un centro didáctico donde estudiar administrativo. Sin embargo te quedas allí y allí estás bien, has jugado al trivial de la máquina otros años y hoy juegas al poker con nuevas monedas, las monedas son cómo de cien pesetas pero el doble de grandes y piensas que son monedas que van a venir y así lo vas pensando y luego no le das importancia.

Tengo 19 años y me voy a buscar un trabajo de camarero en el Universal y voy con un chandal y unos cartones, los cartones son para tirar con arco. El camarero que me atiende me trata cómo un loco y los amigos me dicen que no me vaya a buscar trabajo en chandal y portando cartones sucios. No me dan el trabajo pero el camarero me dice que le sirva un vino para ver qué tal lo hago y yo lo hago y él se lo bebe, luego le pido una cerveza y hablamos.

Todo esto lo recuerdo en un bar en el que las cervezas están a un euro y cincuenta y me he tomado ya cuatro más un botellín de dos euros y hay una pareja joven que va a realizar un viaje en autocarabana porque están aburridos de la ciudad y así se lo dicen al camarero..."Hay mucha gente sola" dice la mujer mirándome y al día siguiente una amiga me dice que yo estoy solo con mis borracheras en los bares pero lo cierto es que no me emborracho ya, a lo sumo me cojo un puntillo que me hace estar más animado pero con cierta ansiedad y voy pensando que los años buenos se han acabado ya y entonces me acuerdo de cuando tiraba con arco y me iba a pedir trabajo de camarero al Universal y el gerente se pensaba que estaba loco.

Luego me recuerdo con 22 años en mi trabajo de venta de servicios para bares y cafeterías de una empresa de provisiones, recorriendo la calle Cauce y hablando con los jefes de los bares que en ese momento hacían las maletas para otra parte y no recuerdo bien por qué, es un gran paseo soleado y realmente me gusta mi trabajo porque ante todo hace buen tiempo para estar en la calle y mi trabajo consiste en meterme en bares y hablar con los responsables, no tardé ni una semana en dejar ese trabajo y gano 500 pesetas.

En el mismo Paseo del Cauce tengo dos recuerdos, el primero es que estoy borracho perdiendo dinero con unos amigos de Filosofía Pura, el dinero se cae de mi bolsillo y no me molesto en buscarlo y voy perdiendo por la calle muchas monedas pero me da igual y el segundo recuerdo es estar buscando trabajo de comercial en una oficina donde me ofrecen un empleo con una carta que dice "Confidencial" y me parece que todo es un timo y un camelo y no vuelvo a pasar por allí, no acepto el empleo, me parecían en la oficina las personas muy manipuladoras aunque sólo me atiende un chico muy joven con un traje elegante. Cuando salgo de aquel lugar me meto en un bar llamado Geisha que tiene una foto de una japonesa muy joven y guapa, me pido una caña que me sabe a gloria y quiero dejar propina pero el camarero me dice que coja la moneda y no acepta mi propina. Me quedo un poco extrañado y abandono el barrio con la sensación de no haber sido bien recibido. Un viejo del lugar con bolsas del supermercado habla conmigo y me dice que el sitio en el que estoy no es un lugar muy seguro, sobre todo por la noche y veo colegios e institutos cerrados y no sé bien lo que pasa, estamos en los años 90 y tardaré otros diez años en volver a aquel lugar y ya las cosas estaban mejor pero...¿Qué pasaba en ese barrio? Las noticias del periódico no decían nada, sólo lo sabía la gente.

Tengo poco más de 40 años y estoy atravesando una gran crisis. Con el poco dinero que gano he ahorrado para irme de vacaciones a Palencia y estoy cenando en un bar llamado "El patio de mi casa" que me recuerda a Andalucía por su decoración. Entonces saco mi portátil de una bolsa de viaje y me conecto a internet y veo una noticia que dice "La tercera guerra mundial ya ha comenzado" y se suceden atentados en Europa muy virulentos y todos dicen que Europa está en guerra. En España hay 14 millones de pobres y el 30 por ciento de la población o casi está sumida en al pobreza...Sigo buscando noticias en internet y todas dicen que la tercera guerra mundial ya ha comenzado. Es un momento muy emocionante y me pido media botella de vino tras la cena y me quedo bebiendo vino y viendo las noticias de internet, creo que era un Muruve o un Peñagrande, y mientras se suceden las noticias sobre la hecatombe mundial y degusto un buen vino y lo que hago es aprovechar el momento. Elegí un mal día para dejar de beber. Sin embargo en la televisión de las noticias no dicen nada. Al parecer en 5 años van a morir más de 3000 millones de personas. Hablan todos de muertes en masa, de morir en masa en Europa y en Estados Unidos. Hablan las noticias de muertes en masa y yo estoy de vacaciones en Palencia.
La vida te enseña...pero...
¿Qué ha pasado con mi vida? Se han terminado los buenos tiempos y la juventud y ahora mi país está en ruinas y el mundo en guerra. Atravieso una gran crisis personal.

Me quedan los recuerdos de una vida pasada mejor.

Los domingos de mis veinte años o menos, siempre en el cine. Me recuerdo yendo al cine por sistema los domingos. Los domingos era el día para ir al cine para descansar un poco de los excesos del viernes y del sábado. Los domingos en el cine, viendo cualquier película que hubiera. Por sistema. Entonces recortaba del periódico la cartelera de las películas que veía en el cine y un año sucedió que miré todas las carteleras de las películas que había visto el año anterior y no me acordaba de casi ninguna. De veras que no me acordaba de casi ninguna, había olvidado todas las películas que había visto o casi todas...¿Por qué? Me impresionó un poco. Iba mirando una por una las carteleras que había recortado del periódico de las películas que había visto y no me acordaba de casi ninguna. Entonces dejé de recortar las carteleras del periódico. Años más tarde ya no me acordaría de ninguna película por muy buena que fuera que hubiera visto en los seis meses siguientes. Para mi una películas simpre es nueva. No recuerdo en absoluto haberla visto. Con los libros que leo me pasa lo mismo. Seis meses y cómo si nunca los hubiera leído...¿Por qué? Mi memoria a largo y medio plazo no funciona y de la vida tampoco recuerdo tantas cosas y todo en el fondo se me va olvidando y no sé por qué. Recuerdo pequeños detalles, algunos días concretos, situaciones diversas, lo más importante...pero no tengo buena memoria...¿Por qué?
Lo de no recordar ninguna película que hubiera visto en mi juventud me tiene un poco preocupado.

Todo ésto me lleva a 1993. Tengo 21 años y han pasado cosas muy emocionantes en mi vida. Eso lo leo en 1997. Leo en 1997 en un diario escrito por mi en 1993 que han pasado cosas muy emocionantes en mi vida. Sin embargo en 1997 no consigo recordar nada de 1993. Lo más interesante es el capítulo del verano de 1993. Hay muchas chicas y muchas experiencias y muchos amigos y mucha vida en el verano de 1993, sin embargo en 1997 no consigo recordar nada de ello y me parece estar leyendo algo que ha escrito otra persona. No reconozco los nombres, no consigo poner cara a los nombres que aparecen. No recuerdo nada.
Sobre todo no recuerdo nada del verano. Sólo una vorágine de mucha gente, muchas chicas y mucha diversión. Lo pasé muy bien en 1993 según leo en 1997. Pero no puedo recordar nada.

Tengo 21 años y una amiga que está estudiando Magisterio, hay una fiesta en la Facultad de Magisterio y allá que me voy. Me la encuentro y hablamos en la puerta y me dice que la fiesta le parece de lo más vulgar, luego cuando entro parece todo una manifestación y hay cientos de jóvenes borrachos con batas blancas y pintura en la cara. El ambiente es de lo más chabacano, creo que bebo unos cachis de cerveza solo y me voy, a mi amiga sólo la he podido ver un momento. La gente está muy alterada, muchísima gente, y dan gritos y voces correteando por todas partes. Parece la fiesta de un pueblo en sus peores momentos. No tardo mucho en largarme de allí.

Ese recuerdo siempre lo enlazo con mis 24 años en la Facultad de Medicina, tiene allí un bar con cervezas muy baratas y me quedo largo rato sentado en una mesa bebiendo cervezas, es un recuerdo extraño porque estoy cogiendo papel de una libreta y con el papel hago unas bolitas y luego las voy poniendo encima de la mesa y eso me calma, creo que voy escribiendo algo en el papel con el que voy haciendo las bolas. Había quedado después con mi amigo el triste pero todavía él no había salido de su casa, es una tarde primaveral y hay muy buen ambiente por la calle. La Facultad de Medicina tiene un jardín y allí camino entre los árboles fumando un cigarrillo algo borracho y de repente me siento muy feliz, he alcanzado por fin llegar a la universidad, estoy en Filosofía Pura y me voy acercando a otras facultades para conocer e intimar y me dedico a llamar la atención  allá por donde voy porque me siento muy importante, el centro del universo. Peso 52 kilos.

Tengo casi 40 años y 860000 lectores en un periódico digital en el que escribo, tengo unos sesenta blogs con más de 100.000 vistas y pienso que soy de alguna forma conocido aunque nadie sepa quién soy, gano unos cien euros a la semana y he vuelto a vivir con mis padres al quedarme sin la casa del barrio de La Farola y sin la pensión de la zona de Parquesol. Después de unos tres años de independencia por mis medios y de unos diez años de vivir en pareja he vuelto al principio y estoy de nuevo con mis padres. Entonces me pongo a buscar trabajo en Infojobs y ya me he apuntado a tres trabajos de teleoperador de marqueting y ventas y a tres trabajos de redactor de contenidos. Sin embargo ya no me llaman de ninguno de esos trabajos y rechazan mis candidaturas. Empiezo a preocuparme por mi futuro, de repente parece que ya no hay trabajo en España o es muy difícil conseguirlo. Voy por los bares bebiendo solo y mirando las noticias que salen en el móvil y son todas terribles, el mundo está francamente mal, parece que estuviéramos en una guerra y la crisis arrecia y es cada vez más intensa, si ha habido recuperación económica ha sido para los grandes oligopolios extractivos. Recuerdo los buenos años de mi primera juventud, cuando escuchábamos a "Héroes del Silencio" y salíamos hasta las diez de la mañana y me doy cuenta de que ya ha pasado todo eso y que ahora es otra vida. Me siento mal por ello, el tiempo que no regresa nunca más. La buena vida que se va. La buena vida que se ha ido. Para todos.

Tengo 19 años y estoy en una urbanización de casitas muy blancas de un pueblo costero de Málaga. bebemos sangría mientras jugamos a las cartas. Estoy con mi amigo el jabacú y también con la Toñi y Noelia. Jugamos a las cartas y bebemos sangría. Son las cuatro y media de la tarde y ya hemos empezado a beber. Me gusta estar en una casa de veraneo cerca de la playa pero sin ir a la playa, bebiendo con mis amigos y jugando a las cartas. Bbebemos y jugamos hasta las diez de la noche y luego bjamos al parque cuando termina de pasar el calor. El aire fresco nos despeja a todos la borrachera y el jabacú saca a su perro y todos fumamos cigarrillos y nos reímos...El jabacú va a empezar a estudiar Geografía e Historia en la universidad de Sevilla, la Toñi trabaja desde hace tiempo en algún sitio del que no hace comentarios y Noelia es peón agrícola y siempre tiene dinero porque vive con sus padres. De hecho los que peor estamos de dinero somos el jabacú y yo, que somos estudiantes. Lo cierto es que pasaría tiempo antes de que el jabacú iniciase sus estudios de Geografía e Historia, o bien suspendió la Selectividad o bien se tomó un año sabático que yo pienso que fue lo que sucedió. Muchos estudiantes del Bachillerato y COU se tomaban un año sabático antes de iniciar sus estudios universitarios, un año para descansar y no hacer nada. Yo no lo hice pero muchos lo hicieron...¡Qué bien vivíamos entonces con cientos de universidades abiertas y prácticamente gratuitas! El jabacú acabó la carrera con 36 años y luego jamás encontró trabajo de lo suyo, vendía botellines de agua por las calles de Sevilla y hacía el oficio de pintor de brocha gorda en bares de amigos...y una vez en la vida, un par de meses, trabajó en unas excavaciones arqueológicas y nunca más volvió a hacerlo. Susana, que también había estudiado Geografía e Historia se acabó marchando a Italia y allí se casó con un hombre algo mayor que ella y bien posicionado y en la actualidad es ama de sus casa en el extranjero y tiene tres niños. Recuerdo siempre a Susana con sus apuntes de Geografía e Historia sobre ruinas y monedas antiguas y colgantes, pasadores y estatuillas. Jabacú en la actualidad vive con sus padres, de vez en cuando pinta un bar y le dan algún dinero. Ha tomado cientos de cursos del paro, lo que en una temporada le permitió dar clases de informática a personas mayores, pero todo eso ya pasó y ahora el jabacú tiene una vida dura, sin curro, sin casa propia, sin trabajo y sin pensión. Su madre por caridad le da algunas monedas para que se divierta en el bar los viernes y conozca a una chica, entonces el jabacú llega tarde a su casa y ve un poco de porno antes de acostarse y se masturba y luego se queda plácidamente dormido con la borrachera que lleva encima. Tiene ya más de 40 años y casi no ha trabajado en su vida que se la pasó estudiando. Sus padres son pensionistas. El jabacú no se vuelve loco porque sus padres le pagan una conexión a internet y se entretiene mucho, no sólo viendo pornografía. Lo mejor de él es que no ha perdido el hábito de leer "libros que son de su campo" y así sabe mucho de Antropología y de Marbín Harris y Noam Chomski. Ahora es un intelectual más que se masturba en casa de sus padres con dos carnets de la biblioteca y un curriculum tan extenso cómo un dedo. De vez en cuando me lo encuentro y hablamos de la tercera guerra mundial, le pregunté si tenía algún tipo de enfermedad venérea y me dijo que ya le gustaría. Se ha quedado muy delgado de la angustia, la pena y el estrés. La vida pasa pero nadie ha sido antes más feliz ni ha vivido mejor, ahora son otros tiempos: tiempos duros.

Siempre recuerdo en los 90 cuando ponían en los bares de Pucela la canción de los Héroes "Entre dos tierras" y la gente se volvía loca y todos seguíamos el ritmo con los pies, desde los primeros compases ya sabíamos que nos lo íbamos a pasar bien escuchando esa canción. Pero no siempre existieron los "Héroes del Silencio" y antes escuchábamos en los bares a "Los Suaves" y también seguíamos el ritmo con los pies con una jarra de cerveza en la mano y los que tenían más suerte con una copa de whiskey. Y antes fue "Alasca y Dinarama" y antes fue "Platero y tú" y antes fueron muchos grupos pop, sobre todo "Mecano". De Mecano guardo un recuerdo agridulce porque no era una buena etapa de mi vida cuando sonaban esas canciones, ni era un niño, ni era un muchacho, ni era un hombre. Era una cosa rara a medio formar que se metía en los bares porque ya había dejado de ir a las hamburgueserías a tirar patatas fritas a las chicas y ahora se empezaba a envalentonar un poco con el alcohol...y luego llegarían las primeras discotecas y discomovidas con canciones de "The Cure" y sus ritmos modernos. Todavía hacía mucho deporte en aquella época, estaba en el equipo preolímpico DARCL3 y era un buen velocista y corredor de fondo. Fue dejar el deporte lo que me hizo bien, ya que hacer atletismo consumía todas mis energías. Con 17 o 18 años dejé el atletismo y me concentré en beber y divertirme, concentré mis energías en beber y pasarlo bien y mi vida dio un giro. Todo el tiempo que estuve haciendo mucho deporte me dejó agotado, cuando salía los fines de semana no tenía fuerzas ni ganas para nada. Lo mejor que pude hacer fue dejar el deporte, el atletismo, consumía todas mis energías. Por eso la etapa de deporte y atletismo cuando no estaba formado todavía y recién me iniciaba en bares y discotecas y discomovidas, no fue una buena etapa para mi. Fue una etapa de cambios muy duros y de dejar amigos y de cambiar de amigos y así hasta el segundo año de instituto no me encontré en mi sitio recién aterrizado, en mi lugar de excesos, poesía, rabia y diversión en el que estuve muchos años. La verdad es que por eso soy antideporte, me pareció haberlo hecho perder muchísimo tiempo y energías que se pueden utilizar para otra cosa mejor, cómo agarrarte una buena curda por ejemplo o echar un polvo.

Y así fue cómo dejé el deporte y empecé a fumar y no fue mal cambió y luego a la edad de 23 años empezaría a fumar hachís y marihuana y así me tiré hasta los 33 años que fue mi año de dejar las drogas. Esa década entre los 23 y los 33 años fue la mejor de mi vida y coincidió conque fuera también la mejor de la historia de España pese al acicate del terrorismo de ETA que parecía que no se iba a acabar nunca...¡Esa década en la que estuve colocado...qué buenos años, qué bien me lo pasé!Pero siempre llega un momento en el que sabes que tienes que dejar las drogas y entonces las dejas y no pasa nada, ha sido una experiencia más pero no puedes seguir así toda la vida sobre todo porque la vida es hacer cosas y tener un proyecto que a veces es un proyecto común. Cuando veo señores de 50 años que todavía son unos drogadictos me dan mucha pena, hay que saber parar a tiempo, antes de que sea demasiado tarde y te puedas convertir en un deshecho social sin ambiciones ni expectativas ni futuro ninguno.

Sin embargo todo cambió en torno a mis 40 años, llegó una crisis descomunal al mundo y a España y las prisas no son buenas para hacer ni para cambiar las cosas. Tenía mi personalidad y estaba contento con ella y tenía mi carácter y mi teléfono de Movistart y mis ordenadores portátiles. Lo tenía todo para enfrentar la vida moderna pero sin embargo el mundo actual no me gustaba nada, estábamos perdiendo derechos a pasos agigantados en el mundo y en Europa, era cómo si todos nos moviésemos para atrás, hacia el siglo XIX y eso me daba cierto apuro,respeto y a veces miedo aunque yo no fuera una persona miedosa pero la prudencia nos hacía sentir una desazón descorazonadora y veíamos caer a gente a nuestro alrededor quemada por la crisis y francamente todo cambió y nos resultaba más difícil conseguir lo que antes lográbamos sin esfuerzo.

La gente teniendo que cerrar sus negocios, millones de españoles cerrando sus negocios, empresas que se fueron a la quiebra, la gente en paro, la gente sin trabajo y todos cruzando la puerta del cambio pero no del éxito y al final un país de 14 millones de pobres con una exigua clase media de tan sólo el quince por ciento de la población española y que estaban peor que antes. Todas esas cosas me emocionaban de alguna manera pero tenía el apoyo de la familia y el acercamiento de algunos amigos y prefería eso a otro tipo de cosas. Me llevaba especialmente bien con algunas camareras que me daban la razón, pero no tenía nada con ninguna persona y a veces me tenía que quedar en casa y mi libertad era parte del programa de otros y tenía que saber nuevas teorías y remontar mi situación, sin embargo había gente que no vivía una unión familiar y que incluso se había suicidado y había momentos que no sobraban que eran muy duros y sin saberlo te sentías solo y un día te mirabas en un espejo redondo y habías cambiado pero tenías que hablar y contabas cosas aunque no supieras nada. Nada. Ni bueno ni malo ni regular. Me dejaban ser cómo era yo, al menos.

Voy  a cumplir 40 años y ya estoy atravesando la crisis de los 40 desde hace cinco. La crisis de los 40 coincide con una gran crisis mundial y económica en el mundo. Rusia comienza a actuar en Siria a espaldas de los Estados Unidos y Corea del Norte y China se preparan para la guerra. Trasladan bombas nucleares tácticas hacia Alemania y todos los países se están rearmando nuclearmente. Hablan de un futura Gran Guerra en Oriente Medio y en Asia Menor y también en Asia-Pacífico. Dicen los medios que la tercera guerra mundial es inminente y todos hablamos de ello en los bares. Los bares en España están llenos a pesar de la crisis, para unas cañas y unos vinos siempre hay dinero. Viajo a Palencia en tren para cambiar de aires y me pierdo por sus calles y en una cafetería decorada con una piel de vaca y motivos africanos me quedó profundamente dormido y al despertarme veo manzanas tiradas en el suelo de alguna mujer a la que se le ha roto la bolsa del supermercado. Todo es muy surrealista y me compro unas latas de cerveza y me voy a la pensión a dormir y ese día no salgo por la noche pero al día siguiente si que salgo por la noche y en un bar de copas echo las cartas del Tarot a una camarera brasileña muy guapa y morena de unos veinte años y me vuelvo a la pensión pensando en ella, en cómo será su vida en el futuro, viviendo en España, con toda la vida por delante...Pienso en lo que le deparará el futuro a esa joven mujer y por un momento dejo de preocuparme sólo por mi para pensar en los demás, porque esta crisis que estamos viviendo es para todos y los atentados terroristas futuros serán para todos y la futura tercera guerra mundial será para todo y yo al menos he disfrutado de toda mi juventud pero pienso en la gente joven que lo tendrá muy difícil...¿Qué será de ellos? ¿Qué tipo de juventud van a tener? Me ensombrezco ante la agonía del mundo pero duermo en paz...¿Qué puedo hacer? De repente, y sin saber muy bien por qué, dejo de preocuparme.

Siempre hay un jardín. Siempre hay un jardín en mis recuerdos de la costa del sur de España y yo paso mucho tiempo en ese jardín. Me recuerdo una noche a las nueve recién llegado de un autobús sin escalas de Málaga en directo hacia aquel lugar-pueblo-urbanización. Me recuerdo recién llegado y ya estoy a las nueve de la noche en el jardín y se ven la luna, el sol y las estrellas. Y se ve todo a la vez, la luna, el sol y las estrellas y es un momento mágico a las nueve de la noche cuando otros se dedican a ver sólo las noticias y yo miro el sol, la luna y las estrellas que salen todos a la vez. Y busco dentro de mi bolsa de campaña y encuentro un trozo grueso de hachís y lo parto y empiezo a fumar porros y así estoy hasta las doce de la noche,cuando me entra hambre y me voy a cenar a casa y hay un filete con patatas fritas que ha cocinado mi madre y me doy cuenta de que soy muy feliz y soy feliz así pasando el tiempo solo en aquel lugar-pueblo-urbanización de la costa del sur de España al que acabo de llegar en un autobús sin escalas. Soy muy joven aún y peso muy poco. Soy puro nervio y espíritu, tremendamente sensible, tan sensible que a veces no podía ni escribir.

Luego los días en los que ya no había nadie y todo el mundo se había ido. Al comprar mis padres un piso en la zona costera nos pasábamos más de tres meses de vacaciones de verano y a finales de agosto y principios de septiembre empezaban a desaparecer los coches y los amigos pero nosotros seguíamos allí y entonces se convertía la urbanización en una urbanización fantasma sin turistas ni veraneantes y se hacía muy extraño ese lugar en el que seguía existiendo el sol y haciendo buen tiempo. Entonces te cruzabas a las urbanizaciones vecinas y te jugabas un billar tu solo y te tomabas una copa tu solo escuchando música y viendo a los gordos alemanes emborracharse con sus mujeres flacas y así pasaba el tiempo y sabías que cuando llegaras a tu lugar de origen tendrías que retomar los estudios o hacer unos exámenes o repetir un curso pero que siempre iba a haber algo nuevo, algo nuevo que hacer y que estudiar y eso te daba ánimos porque aunque no te aburrieras, tres meses de vacaciones llegaban a cansar, sobre todo si había habido muchos excesos los dos primeros y todo se había convertido en una vorágine en la que estuviste un tiempo--por ejemplo--sólo jugando al fútbol porque estabas cansado ya de la playa y de la arena y el mar.
Pero aquello era de adolescente y de casi niño, los problemas venían más adelante cuando tenías cerca de los treinta años y ya no eras tan joven. Entonces no podías salir al pueblo porque no tenías coche y día tras día sin salir de la urbanización te acababan por dejar una honda huella y te convertías en una especie de ermitaño. Recuerdo entonces que una inglesa puso un bar en el monte al que todo el mundo llamaba sin mucha imaginación "el bar de la inglesa" y entonces yo me subía hasta el monte para dar un paseo y me quedaba en el bar de la inglesa solo, emborrachándome, y un día, sin saber por qué, se hizo muy de noche y estaba muy oscuro y al bajar del monte no se escuchaba ni un solo ruido y en ese momento sentía miedo y cierta paranoya y estuve cierto tiempo sin salir por la noche cuando oscurecía y no había luna porque el ambiente del monte era demasiado salvaje para mi y así siempre me subía al monte por la tarde temprano y me venía antes de que anocheciera pues cuando anochecía aquel lugar era fantástico, lóbrego y misterioso y nunca soporté sus energías, todos los gatos del mundo se daban cita a esas horas y hacían ruidos extraños con sus bocas y patas y uno acababa sintiendo cierta desazón y deseaba estar en un lugar más urbanizado, más civilizado y de mayor densidad de población. Entonces deseabas volver a tu ciudad de origen y ver casas y edificios y coches y calles transitadas y gente. Aquello era cómo una isla a finales de agosto y principios de septiembre y aunque no llegaras a aburrirte si que es verdad que ya, de más mayor y no con quince ni veinte años, y al no tener automóvil para salir a los pueblos vecinos, te llegabas a agobiar un poco y así hasta que finalmente ya no salía por las noches porque no me sentía a gusto y en cuanto caía el sol me iba a mi casa y miraba la televisión. A veces paseabas hasta una gasolinera y te comprabas unas latas y luego te ibas a la playa, yo me sentía muy bien así. En la playa con unas latas, solo. En la playa siempre había gente y se estaba tranquilo. Luego llegaba la noche y todo cambiaba y si no tenías a nadie con quién darte una vuelta te lo tenías que pensar mucho antes de aventurarte por ahí solo, pero a veces lo hacía y creo recordar que también el alcohol me daba cierto valor. A veces paseaba hasta las urbanizaciones vecinas y me tomaba unas copas en sus bares, porque al menos eso significaba salir de mi sitio. Al volver te invadía una desazonante sensación de soledad porque aquel lugar había sido creado para ser compartido por mucha gente cómo lugar de vacaciones y cuando se quedaba desierto ya era otra cosa, algo siniestro que no tenía ningún sentido clavado en medio del monte y frente al mar y las energías salvajes eran todopoderosas y te volvían loco.

Pero ser feliz solo. Ser feliz estando solo. Yo eso lo recuerdo. Lo recuerdo bien e incluso con cariño. Estar bien solo. Ser feliz estando solo (mientras hubiese dinero), yo eso lo recuerdo.
Salir de casa, abrir la puerta de la calle, saber que tienes un par de billetes y un paquete de cigarrillos y un par de mecheros e incluso un poco de hachís y papelillos de fumar, salir de casa bien provisto de todo, sin haber quedado con nadie, sin saber muy bien a dónde ir y empezar a funcionar y con cada paso comienza la aventura.
Así recuerdo yo muchas noches en aquel lugar-urbanización-pueblo del sur de España. Salir a las ocho o las nueve, abrir la puerta y no saber bien a donde ir.
Primero te largabas al quiosco y te comprabas unas latas para ver anochecer bebiendo cerveza en el parque y allí caían un par de porros y luego te ibas hasta el bar de Paco y cenabas algo de tapas y te tomabas unas cañas y después escuchabas a la gente que se iba al pueblo en coche pero tú no tenías coche y entonces tú te tenías que ir andando por el borde de la carretera a la aventura. Y caminando con una lata que te habías guardado en tu bolsa de campaña te ibas hasta un hotel cercano y luego hasta el bar El Pirata en medio casi de la carretera y luego caminabas hasta CentroDiana y te tomabas unas copas y allí esperabas encontrare algún amigo que tuviera coche para no tener que venirte andando y al final te ibas solo caminando por el borde de la carretera más cocido que un piojo y te metías en la venta de Claudio y así acababas la noche, borracho y solo y cuando llegabas mirando la luna y estabas feliz de haber llegado a la urbanización terminabas en el vivero tomando la última pero siempre ya a esas horas había algún amigo con el que charlar y lo normal era acabar la noche en el parque con alguien fumando porros. Salía a la aventura, a ver  quién o qué me podía encontrar y así pasé muy buenas noches y otras no tan buenas pero siempre estuve entretenido y cómodo con la facilidad de tener dinero y tabaco y porros de sobra...¡Eran muy buenos tiempos!¡Y sobre todo yo tenía muchísima energía!
Pero había otros días en los que había mucho menos dinero, sólo para emborracharte con cervezas y no salir de la urbanización y esos días a veces eran muy mágicos porque en el fondo tenías más dinero de lo que te pensabas y tres o cuatro bares en la urbanización daban para mucho y al final siempre acababas encontrándote a alguien, era triste tener que hacer eso en fines de semana cuando todos se iban al pueblo gracias a sus coches pero en días de diario muy poca gente cogía coche y entonces si que podías coincidir con algún amigo o amiga y acababas pasándolo incluso mejor que los fines de semana y además en vacaciones todos los días eran días de  fiesta.
El clima era maravilloso, la noche era maravillosa.
Creo que todo eso lo hice hasta los 27 y los 28 años, luego ya, sin tener coche, no me aventuraba a caminar borracho por el borde de la carretera y me quedaba en casa viendo un DVD que a veces era erótico-festivo y lo miraba mientras todos dormían...Quería tener una vida más tranquila y ya no quería tantas aventuras y sin embargo seguía saliendo solo pero ya por la tarde, de 6 de la tarde a diez de la noche y luego me metía en casa y me leía un libro hasta que todos se dormían y entonces me ponía un DVD pornográfico en la soledad de mi cuarto en el que tenía un televisor con DVD...Los discos me los traía de mi ciudad de origen, comprados a los gitanos en el rastro y a veces se veían de pena y se congelaban las imágenes en lo más interesante cómo diciendo "mira todo lo que te estás perdiendo" y entonces en vez de ponerme de mal humor miraba las imágenes congeladas cómo si fueran fotos. Me fumaba unos porros viendo pornografía y me ponía muy burro y luego tenía sueños eróticos muy intensos y me sentía muy vivo en la despreocupación de mi existencia. Pero eso no lo hacía todos los días y las más de las veces me quedaba dormido leyendo.
Lo que sucedía entonces es que llegaba a mi casa a las diez de la noche completamente borracho cuando todos comenzaban a cenar y yo cenaba deprisa y me metía en la cama y a veces me quedaba dormido con la borrachera y me despertaba alas cinco de la mañana y ya no me podía volver a dormir y entonces miraba el día ver amanecer y desayunaba dos o tres veces y realmente me lo pasaba muy bien así de madrugada viendo amanecer y después de desayunar tres veces me volvía a meter en la cama y dormía hasta la una.

Lo mejor de mis escapadas era un hotel en el que una mujer tocaba el piano, un hotel muy elegante en el que yo siempre estaba bien vestido y perfumado con cuarenta ojos a todo. Estaba justo enfrente de mi urbanización y no había que caminar mucho, el problema es que las copas estaban muy caras y eran muy pequeñas. Así que siempre que acudía a aquel hotel me pedía botellines de cerveza, un día hubo un espectáculo de magia muy malo y yo me entretuve mirándolo pero la verdad es que me sentía cómo si estuviera en un lugar extranjero, nadie a mi alrededor hablaba en español y sólo escuchaba el inglés y el alemán e incluso el espectáculo se daba en inglés y yo allí escuchando y mirando y bebiendo y también imaginando que estaba en Gran Bretaña y que había salido de mi país, me imaginaba que estaba en un país del extranjero viviendo y eso me ayudaba a divertirme. Nunca tuve problemas en ese hotel porque siempre iba bien afeitado, duchado y perfumado y bien vestido pero a otras personas sé que no les dejaron pasar. A veces caminaba por las inmediaciones de la piscina iluminada y me echaba un cigarrillo, me gustaba escuchar las voces del concierto que daban en el hotel mientras yo me encontraba en las inmediaciones. La gente venía en coche, pero yo no. Había taxis en la entrada, el lugar estaba muy concurrido. No me gastaba mucho dinero allí sobre todo porque una tarde por un paquete de tabaco me soplaron seis euros. Era un hotel de cinco estrellas, para muy ricos.

Había días en que me dedicaba a aprovechar las mañanas, mi familia iba a la playa por su cuenta y yo por la mía y tenía unas llaves de casa. Decía en casa que me iba a la playa y me quedaba en el parque bebiendo cerveza que me compraba en el supermercado y aprovechaba siempre para escribir algunos poemas o relatos en mi libreta. Lo mejor de todo era saber que iba siempre a coincidir con amigos que vinieran de la playa y que se tomaran unas cervezas antes de ir a comer y yo por supuesto me apuntaba a esas cervezas pero ya estaba borracho y de muy buen humor. Mi amigo Charlie solía venir de la playa con su madre porque no tenía novia ni pareja ni padre y siempre se iba a la playa con su madre. Entonces su madre se iba a casa a hacer la comida para ellos y yo me quedaba con mi amigo Charlie tomando cervezas, a veces hasta más de las tres y cuando llegaba a casa comía y me echaba una siesta y la comida me sabía a gloria porque tenía mucha hambre siempre. Por fortuna en casa comíamos tarde en vacaciones. Me despertaba sobre las seis de la tarde y me iba solo a la playa y esta vez si que iba a la playa y en unos botellines de agua vacíos cargaba algo del whiskey de la botella de mi padre y me ponía a tomar el sol cociéndome de whiskey y luego era una gozada quitarse la borrachera bañándose en el mar. Siempre encontraba a alguien para tomar unas cervezas en el chiringo sobre las ocho de la tarde y con unos buenos amigos que me encontraba en la playa por la tarde cómo Tocho y Arancha y un montón de gente cómo Cesar y Jaime. Luego a las once, después de cenar, me encontraba con mi amigo David en los jardines y nos íbamos al pueblo en autobús y allí nos quedábamos hasta las cuatro de la mañana que nos volvíamos en un taxi. Podía pasarme todo el día borracho y no me sentía mal en absoluto, desde la mañana hasta la noche y así los tres meses de vacaciones de verano. Exceso tras exceso se me iba la vida, lástima que mucho de lo que escribí ya lo he perdido porque era bueno y muy inspirado. Todavía no existía internet y no guardábamos nada en los blogs ni en la nube. Yo escribía en folios-holandesas con una vieja máquina de escribir y muchas cosas de la libreta no las pasaba a máquina porque era complicado o me daba pereza y así perdí muchos textos que en aquellos días eran buenos. No sabía que estaba viviendo los mejores años de mi vida.

Todavía no había sido la guerra de Yugoslavia del 92 al 96 y ya se vendían en el Paco los famosos cafeses irlandeses a un precio un poco elevado. Mi conciencia me dice sin falsedad que conservo en mi propia sangre la decisión de tomarme esos cafeses que valían un trono. Mi madre me daba algo de dinero esa tarde para los cafeses pero no sabía que me los iba a tomar con tanto alcohol, o tal vez fuera mi padre el que me diera algo de dinero para esos vicios. Yo estaba repitiendo algún curso de bachiller en el instituto sin que mi corazón sufriera con ello ni me doliera de esperar.  Ninguna sentencia agorera pronunciada con vino dulce me hará hablar de silencio o traición cuando hay gritos que salen de las bocas de mujeres cahondas porque en la vida pude encontrar yo mayor placer que los cafeses irlandeses en aquel verano en el sur de España en aquel lugar-pueblo-urbanización que mezclaba mis alegrías de primogénito envueltas en inmensas satisfacciones estivales que al final de mi vida no me importaban aunque viviera para contarlo. Siervo del placer y del alcohol desde muy joven, no tendría ni veinte años cuando me envicié ese verano con el café con whiskey servido solo y bien caliente y rico en crema y nata montada. Era cómo una merienda, era cómo un reconstituyente y al mismo tiempo era un lujo y un placer hasta que la modorra extendía su manto de olvido, bien lo sé yo. Ahora no comprendo por qué tengo tanto interés en recordar algo que en el fondo debería olvidar, pero ese placer del café con whiskey, del café irlandés servido en el bar Paco en aquella urbainzación-lugar.pueblo que rodeaba el mar, me hacía sentirme un príncipe majestuosos que creía en el sol y en las estrellas y en la vida del amor que no ahoga a la verdad. Ostenté la Gloria y el Sumo Placer aquellos días, aquel verano, aquellas tardes del despertar alcohólico o de su proceder...¿Por qué lo estoy recordando con tanta intensidad? ¡Seguramente porque quiero que se vuelvan a poner de moda--aunque ya han pasado muchos años--los cafeses irlandeses.
He quedado aprisionado entre mis recuerdos alcohólicos.

En el fondo lo mejor era estar solo pero teniendo bastante dinero. Cuando era muy joven y estaba en el instituto salía con 8000 pesetas a caminar por la urbanización, con mucho dinero que yo recaudaba de las propinas de mis padres, tíos y abuelos y me sentía el rey del Mambo. Todavía no había llegado el euro y un café por ejemplo te costaba sólo cien pesetas, casi lo mismo que una cerveza y una copa te podía costar 250 pesetas...¡En aquellos días yo era rico! Hacía siempre lo mismo, salía después de desayunar con abundante dinero en el bolsillo por la urbanización-pueblo-lugar de la costa del sur de España y llevando una libreta para escribir todo lo que se me ocurriera salía a inspirarme. Primero me compraba una litrona en el supermercado--se trataba de que el dinero me durase días--y me la empezaba a beber por los parques y luego iba al bar Paco y allí escribía tomándome unas cañas y cuando me cansaba me iba al bar del Olegario en la parte baja y seguía tomando cañas y escribiendo en la libreta y luego me subía hasta el bar del Antonio en el monte y allí ya caían un par de copas de ron antes de ir a comer y entonces ya acababa la historia que estaba escribiendo...¡En el fondo estaba trabajando, ahora me doy cuenta! Y a eso de las dos de la tarde te encontrabas con David que venía de trabajar de fontanero con su padre que también era fontanero y le invitabas a unas tapas y luego aparecían Charlie, Arancha y el Tocho o Sandra y Laura...y mucha otra gente...Yo cómo estaba bien de dinero invitaba a todo el mundo a consumiciones y a las tres y media de la tarde me iba borracho a comer a casa con dos o tres cuentos escritos en la libreta o con unos poemas o con el inicio de una novela...¡Me gustaba mucho escribir mientras bebía en soledad, era lo mejor del mundo! Y entonces tras comer y echarme una siesta me iba a la playa con mi libreta y seguía escribiendo y luego me iba al chiringuito y también acababa invitando a todo el mundo que quisiera ponerme a mi lado, yo era muy generoso sobre todo porque me sobraba el dinero. Y así pasaba meses enteros y todos me decían que era un genio, un gran artista, un gran escritor cuando les leía mis escritos borracho pagando las consumiciones de todos. Así fue cómo aprendí que a la gente le caes mucho mejor si estás bien de dinero y si puedes invitarles a alguna cosa y así fue cómo yo de muy joven, de estudiante de instituto, tuve muchos amigos en el sur de España cuando las vacaciones y también en mi ciudad de origen. Todo aquello duró unos diez años, luego vino el euro, la madurez y la crisis...y se acabó ser rico...¡Fueron de los mejores años de mi vida, siempre con dinero de sobra y amigos de sobra y compañía femenina...pero sobre todo con talento y ganas de escribir!
Más tarde los amigos se portaron muy bien conmigo, mis abuelos y mis tíos habían muerto y sólo me daba dinero mi padre pero ya no tanto porque no era muy buen estudiante y al final tenía que poner bote con los amigos, pero pasado el tiempo y sin poderme yo buscar la vida, los amigos acabaron invitándome a mi porque se acordaban de mi generosidad de mis mejores años y yo también me acordaba de mis mejores años y de  cuando luego perdí capacidad adquisitiva y llegó el euro y nos empobrecimos todos y todo costaba más dinero y ganar dinero costaba más esfuerzo. Aunque la verdad sea dicha, yo con poco dinero hacía maravillas, aprendí a darlo más de sí.
Y luego la dinámica de buscarse trabajillos y ganar algún dinero extra y lo que costaba entonces gastarlo por lo mucho que te había costado ganarlo. Entonces recuerdas los mejores tiempos en los que tenías dinero sin trabajar. Sin trabajar en absoluto aunque siempre estuvieras trabajando de novelista, poeta, cuentista o escritor.

El sabor de la cerveza por la mañana en verano, cuando con el calor la cerveza está riquísima y te hidrata y te da vitaminas y sobre todo cuando eres muy joven, cuando todavía estás estudiando en el instituto y estás de vacaciones y te vas tu solo por el parque a beber y a estar a tu bola. El sabor de esas cervezas con diecisiete, dieciocho y diecinueve años. Ese sabor que ya no vuelve...¡Cómo podía ser tan feliz con tan poco! Empezaba a beber cerveza y todo mi mundo se iluminaba.
Salía de casa después de desayunar, me fumaba unos cigarrillos, me daba un pequeño paseíto para hacer ejercicio y coger algo de calor y cuando ya tenía algo de sed y bastante calor me acercaba hasta el supermercado de la urbanización-pueblo-lugar de la costa del sur de España y me compraba una botella de litro de cerveza que solía ser Mahou o Skoll pero también Águila y en aquella época recuerdo que mayormente era cerveza Skoll que ahora ya ni existe. Cogías la botella sintiendo el frío del cristal y te ibas todo contento al parque, te sentabas en un banco y destapabas la botella.
Tenías un poco de cuidado con la espuma y acto seguido empezabas a sentir su sabor rotundo y recio que por las mañanas te acababa de despertar y te sumía en un aldabonazo, en una llamada hacia un lugar más agradable y más seguro justo cuando ya estabas en un lugar más agradable y más seguro y entonces era todo felicidad sobre felicidad y no podías sentirte mejor y te dabas cuenta de que eras muy joven y de que te quedaban años enteros por delante para seguir disfrutando y eso te hacía más feliz....el buen tiempo, el sol, la playa, el mar, la juventud, toda esa fuerza y energía, las alegrías de vivir bien, protegido y amado...la seguridad, la paz, la democracia, el Estado de Bienestar, el amor de la familia, el privilegio de vivir en España y de ser español, el amor de la sociedad porque eres joven y en última instancia incluso el Amor de Dios...todo eso junto...¡Y a ser feliz , muy feliz, gastando sólo ochenta pesetas!

¡Qué bien hemos vivido todos los españoles de la generación del 70, hemos tenido de todo y todo gratis en el mejor de los países llamado España!

No quiero pensarlo. No quiero pensar que he sido feliz por fumar y beber pero he sido feliz por fumar y beber. Pienso en todos esos días en los que me perdía solo por la urbanización-pueblo-lugar de la costa del sur de España, aquellos días en los que no coincidía con amigos o los amigos tenían otros planes. Pienso en esos días en los que estuve solo en el bar Paco tomando cañas y hablando con las camareras hasta tarde y me lo pasé bien yo solo, pero porque estaba en el bar. En el bar Paco caían al menos tres o cuatro botellines mientras leía el periódico o miraba un poco la televisión, a veces la camarera me ponía los canales del satélite que yo quería ver y entonces gracias a su colaboración estaba muy entretenido y siempre bebiendo hasta que me entraba sueño o hambre y me volvía a casa a dormir o a comer. Siempre solo en el bar Paco una vez entraron unas mujeres muy provocativas y me tuve que contener para no tirarlas los tejos, creo que me hice una violencia a mí mismo pero sé que con unas copas de más hubiera perdido el control y hubiera intentado unos ligues. Recuerdo esas mujeres que entraron un día, una noche, una vez y que me atrajeron mucho. Tuve que contenerme para no tirarlas todo el tejadillo, hubiera sido un poco triste. Algo parecido me pasó en el bar de Olegario en la parte baja del lugar-pueblo-urbanización...Unas mujeres muy atractivas entraron y era cuando había un piano y un billar y se pusieron a jugar solas...pensé en pedirlas jugar con ellas pero hubiera sido patético su rechazo. Me contenté con verlas. Era el problema de siempre, beber me daba ganas de intimar con mujeres y cuando aparecían en el fragor veleidoso del verano uno tenía que contenerse. Sin embargo cuando iba con mi amigo David siempre intentábamos intimar con mujeres, entre los dos nos dábamos ánimos y fuerzas y fumados de porros hacíamos un poco el sinvergüenza...¡Éramos tan jóvenes! Sin embargo algunas veces eran ellas las que se dirigían a mi persona y me daban conversación, unas muchachas gallegas una vez, unas estudiantes de periodismo otras, una muchacha de Albacete...aquella mujer alemana, la otra de Barcelona....A veces eran las chicas las que hablaban contigo porque te veían tímido y te querían conocer. Recuerdo por ejemplo la amistad con Nuria y Sandra y también con Laura...Muchachas que hicieron un acercamiento a mi persona y yo fui receptivo, desinhibidas por el alcohol y el verano y el día que es un día. Las veces en las que ligabas eran menos que las que no ligabas, pero eso le pasaba a todo el mundo. Había buenos ratos muchas veces que dejaron muy buenos recuerdos y por supuesto las fiestas por la noche en la playa: las famosas moragas. Entonces todo el mundo acababa la noche con una chica y eran momentos muy mágicos y sobre todo porque sabías que en tu ciudad de origen era difícil que te pasaran esas cosas, aunque no imposible. Y al terminar el verano todo el mundo pensando en vivir en Marbella, en Estepona, y en Torremolinos o Bedalmádena...y no regresar jamás a su ciudad. Jamás.

No quiero pensar que he sido feliz por beber y fumar, pero he sido feliz por beber y fumar y además estar en esa dinámica me ayudaba a aguantar la soledad en la que casi siempre he vivido. De hecho durante mucho tiempo no he sido muy sociable y creo que hasta tenía problemas de comunicación por mi aislamiento y mi timidez sólo rotos por la locuacidad y valentía del alcohol, lo que suponía que siempre tuviera que estar borracho para relacionarme con normalidad y creo que borracho me he pasado años cómo si me diera miedo la gente, cómo si no me gustara la gente, cómo si tuviera una gran herida imposible de sanar. No quiero pensar que he sido feliz por fumar y beber pero por fumar y beber el mundo se me ha hecho soportable. Ha habido siempre algo en mi que nunca he podido superar. En el fondo no me gusta la vida, ni el mundo ni el planeta y siempre he querido estar muy lejos, en otra parte.

Típico de Piscis.

En el fondo de mis temores yo me preguntaba qué hacía para que el mundo fuera mejor porque la verdad es que yo no hacía nada para cambiar el mundo en el que no me gustaba vivir, lo único que hacía era evadirme. Un gran porcentaje de cobardía había en mi actitud e incluso mis planes estaban llenos de miedo y de temor y mis proyectos siempre se veían teñidos de negro por mi negatividad y al final eso impedía que me abriera incluso al amor de los demás, obsesivo a veces, maniático siempre, en el fondo he sido un enfermo...y lo he sido durante mucho tiempo, luego cambié. El cambio fue muy lento pero se produjo y se produjo a una edad luminosa en la que ya no podía tener más que madurez. De mi vida anterior me quedan gestos.
Ahora trato de ser impecable en la necesidad de mejorar cada día más y de manera global.
Ahora represento también las consecuencias de lo que he sido y eso es un peso.

Abrir la puerta y largarme de casa, con algo de dinero, cigarrillos y algo de hachís y papel de fumar. Abrir la puerta y encontrarme con el clima excelente de verano de aquel lugar-pueblo-urbanización de la costa del sur de España, una plataforma para ser uno de los escogidos para el placer y para el disfrute, la élite del exceso que a veces se supera y a veces se tira de los pelos. Con un alma transparente y a veces de colores, poder salir sin chaquetón, poder salir en bañador, en pantalón corto, en bermudas. Vivir así con un tiempo excelente y maravilloso y no saber dónde ir, si a la playa, si al quiosco a comprar unas cervezas, si al bar de abajo, al del medio, al de arriba...¡Salir y empezar a pasear y luego cuando entraban las ganas de beber saciarse en los bares del sitio! ¡Amaba tanto esos momentos de libertad, juventud y estropicio de mis sentidos! ¿Hay algo mejor que ser libre y joven y tener para vicios en un lugar de ensueño? Así un día tras otro, un mes tras otro, una semana tras otra...y pensabas...¿Por qué no vivir así toda la vida? ¡Porque había que trabajar! Pero si no...¿No se podía encontrar un medio para vivir sin trabajar y estar siempre da vacaciones cantando encantado en el paraíso?
¡Poder vivir de no hacer nada poniendo siempre la mejor cara con la sorpresa de poder encontrarte a alguien y que una cosa lleve a la otra!
Pero las cosas no iban a ser así siempre...


Fruto de la casualidad no fue, pasó el tiempo y llegó un verano y en ese verano en el sur de España no me encontré con mi amigo David. No pude verle por primera vez en muchos años. No sabía en dónde se había metido así que me limité a salir con el jabacú y la Toñi y también con Noelia y Marta. Y entonces un día, en una moraga, le escuché hablar...y allí estaba David en una fiesta nocturna en la playa con unos amigos que no conocía yo de nada. Y estando una tarde en el parque el jabacú y yo fumando unos porros se apareció David de casualidad muy alterado y dijo un par de frases y se largó. Nunca supe que sucedió ese verano. Mi amigo David se había buscado otros amigos y estaba con otra gente y hacía otras cosas y me llamó la atención lo bien vestido y afeitado que estaba y luego supe que sus nuevos amigos eran chicos de familias de mucho dinero y él se iba con ellos a disfrutar de algo que sólo entendía él. Era un nuevo comienzo en la vida de David, una sociedad de élite le había recibido en su seno y con esas personas estuvo todo un verano, un verano muy extraño en el que las chicas se duchaban desnudas en la playa sin ningún pudor y en el que la playa se volvió medio nudista sin saber bien por qué, un verano de muchísimo calor y muchísimo sol en el que la peña estuvo muy alterada. Era entonces cuando Rafa se ponía en pelotas en la playa y nos acercábamos a él para fumar unos porros y todo nos parecía muy surrealista, fue el verano de las grandes conversaciones filosóficas con Rafa que vivía su verano hippie en pelotas. Filosofar y fumar porros. Creo que ese verano salí con mi amigo el jabacú y con Marta y Noelia, íbamos sobre todo al chiringo por la noche porque también abría de noche y no nos íbamos al pueblo, fue un verano de mucha playa, más que otros años y de beber y hacer fiestas en la playa, desde la tarde hasta la noche. Un verano extraño y muy caluroso. Siempre he pensado que fue curioso que David se desprendiera de su vieja pandilla y se marchara a conocer gente nueva con la que quería estar. Sin embargo todo eso duró sólo un verano y al verano siguiente David volvió a salir de nuevo con todos nosotros cómo había hecho siempre. Nunca nos contó nada de su nueva pandilla de amigos, ni lo que hizo ni por qué quiso cambiar ni si había una chica en ese grupo que le interesase. Debíamos tener todos entonces en torno a los 24 o 25 años y algunos pasábamos por pequeñas crisis y fue eso lo que le debió pasar a David: que quería cambiar.
Lo recuerdo cómo el verano en el que todo el mundo se volvió hippie menos David que se volvió pijo.

Uno de mis mejores veranos en el sur de España lo denomino cómo el verano del Rock, era entonces cuando Alberto y el hermano pequeño del jabacú estaban siempre tocando la guitarra y también las hermanas de Arancha. Todo el mundo tocaba la guitarra canciones pop y rock con bastante maestría y entonces mi amigo Charlie me llevó a un bar del puerto donde estaba tocando una banda de música Rock, más tarde llegó el Tocho y Noelia y el Alberto y lo pasamos todos muy bien, ese verano Rock no vimos mucho a Marta, estaba en otra cofradía más light y casi no coincidimos con ella. Recuerdo con mucha emoción cómo fue entrar en ese bar del puerto donde estaban tocando y ya dentro todos los chicos fumando porros y bebiendo copas y así estuvimos toda la noche. Recuerdo bien que luego quisimos volver por la tarde otro día y no había nadie, no había concierto y era muy pronto todavía. Lo recuerdo bien. Estuvimos en ese bar donde ni siquiera había música esta vez, tomando botellines y aprovechando para hablar entre nosotros de nuestras cosas. También había conciertos en la playa, pero a mi me gustaban menos.

Luego recuerdo un verano en el que los conciertos eran de música jazz y había un festival de música jazz en el pueblo. David tenía una novia y salía con nosotros y Charlie también tenía una novia y también salía con nosotros. Al final seríamos cómo tres parejas y tres muchachos "solteros" y entonces el ambiente fue más recogido y más intelectual. Un verano más tranquilo de hablar mucho de política porque había cambios importantes en España y en el que yo me dejé barba y todo el mundo me decía que me quedaba bien. Un verano de salir más al pueblo pero no de trasnochar tanto, un verano más tranquilo en el que muchos tenían pareja y estaban más asentados. Los veranos más movidos fueron los del Jaks Danield´s, cuando nos comprábamos botellas de whiskey en la gasolinera y luego salíamos a beber whiskey por el pueblo. Esos veranos de los grandes bebedores de whiskey cómo el Alberto, el Tocho David y yo. Un verano en el que la botella de Jack Danield´s no podía faltar, un verano de beber muchísimo y de discutir incluso y de hablar en voz alta e incluso a gritos, un verano más alterado cuando ya todos nos estábamos acercando a la treintena y las copas no sentaban ya tan bien a veces. Muchos tuvieron pequeñas paranoyas y pequeños malos rollos y hubo desavenencias y escapadas de la gente y algunas veces cierto aislamiento y gente que no la volvíamos a ver en tres o cuatro días y que luego regresaban, unos veranos de locura realmente. David y yo salíamos entonces mucho por el puerto con Arancha y el Tocho y el jabacú salía menos o estaba con otra gente o no tenía dinero para salir y se quedaba en casa. Unos veranos en el que muchos tuvieron aventuras que luego no contaron a nadie. Lo que pasaba es que ya no éramos unos veiteañeros y cierto cansancio pesaba ya al realizar grandes excesos. La gente iba a dar el gran salto a dejar de divertirse y a buscar un sentido más trascendente y menos material a la vida, veranos de la crisis de los treinta que recién empezaba para muchos.

Creo que yo atravesé dos grandes crisis en esos veranos. Una cuando tenía 23 años y otra cuando tenía 28 años y creo que fue porque a los 23 años ya perdíamos todos la unión tan grande que había en el grupo y en vez de ser una gran pandilla de 40 o 50 personas que iban en masa al puerto o a las discotecas pasamos a ser un grupo más reducido y escindido de unas 8 o 10 personas a lo sumo que ya haría su vida por su cuenta. Parecido ocurrió con 28 años en el que incluso esa pequeña pandilla de 10 personas se acabó de romper y todos salíamos en grupos de dos o de tres o de cuatro a lo sumo coincidiendo con otros por allí en algún lugar. Fueron las etapas de pérdidas de las amistades y de la confianza de alguna manera porque todos ya teníamos nuestro propio destino trazado y era lógico pensar que de la pandilla grande de quinceañeros y veinteañeros años más tarde sólo fuéramos a quedar 8 o 10, pero fue más duro entender que de la panda de treintañeros con el tiempo y haciendo cada uno su vida se reduciría a grupos de dos o tres personas y que  coincidiríamos en algún punto de vez en cuando pero que ya saldríamos en grupos de tres o de cuatro a lo sumo y a veces el que podía salir con un amigo se daba con un canto en los dientes. Era cómo entender que la gran juerga y fiesta y diversión y locura ya se había acabado y ahora todos nos dedicaríamos a nuestros asuntos e ilusiones y proyectos compartiendo alguna idea de los mismos con dos o tres amigos de confianza a lo sumo. Pasado el tiempo si de la gran pandilla de treinta o cuarenta personas de los años 80 te quedaban dos o tres amigos en el año 2000, te podías sentir afortunado. Así fue cómo llegué un verano al pueblo-urbanización-lugar del sur de España y mi amigo David salía a solas con Alberto y en cierta manera por caridad y porque no estuviera solo me dejaron salir con ellos pero a veces me sentía cómo si estuviera de más y es que en esa situación yo incluso sobraba y así pasó más adelante cuando David salía sólo con su amigo Deivid y también me hicieron un hueco y todo ésto hasta que un verano llegué al pueblo-urbanización y ya tampoco estaba David, se había largado a trabajar en el extranjero y de repente me vi sin amigos. Tuve un poco de suerte ese verano y coincidí con una pandilla de gente del hermano pequeño del jabacú y me dejaron unirme al grupo unas pocas horas por la noche, pero también sentía que estaba de más--recuerdo que fue un verano en el que salía solo al bar de la inglesa y hablaba un rato con ella y también me iba al Paco a merendar-- y al final ocurrió lo que se temía la gente que iba a ocurrir un día: la peña traía sus propios amigos de sus ciudades de origen para no estar sola y así te encontrabas a Charlie con un amigo de Madrid y a Marta con una amiga de Barcelona y a Jaime con un amigo de Sevilla y te ibas uniendo a esa gente con discreción y sin hacerte notar pero ya en el  fondo eras un pegote. Todo eso sucedió cuando ya habíamos pasado la treintena, de alguna manera la pandilla ya no existía y todos hacían su vida y salían por su cuenta y el que no se había casado tenía novia y algunos tenían hijos y muchos problemas laborales o incluso de salud: la vida.

Y así fue cómo un día con casi 35 años y cuando ya había dejado el alcohol, me vi una tarde completamente solo tomando unas ensaladillas rusas con pan para merendar y una cerveza cero en el bar de Paco. Era cuando David estaba trabajando en Inglaterra y Deivid se había marchado a Gijón y Alberto veraneaba en una finca de Extremadura. De repente un verano me vi sin amigos y todo había cambiado. Yo también había cambiado y ya no bebía y creo que estaba preparando unas oposiciones a las que al final no me presenté. Ese verano vi una tarde a Marta, que hacía su vida y ya no salía conmigo, y otra noche a Charlie y haciendo un exceso me tomé con él un botellín de cerveza de cuatro grados que fue todo lo que bebería de alcohol durante el verano. Arancha y el Tocho también estaban por ahí pero ya ni nos saludábamos y creo que coincidí una vez con ellos cuando ya iban a emprender el camino de regreso a casa y me hablaron cómo si se estuvieran dirigiendo a un desconocido, tenían ya tres hijos. Ese verano me iba a la playa con la familia y tomaba con ellos un refrigerio antes de ir a comer y también mis padres me llevaron de pegote un par de veces a cenar con ellos para que no estuviera tan solo. Lo más duro de ese verano no fue sólo no beber sino mi gran aislamiento que no me llevó a querer intimar con Charlie o Marta para no importunarles cuando ya estaban haciendo su vida. Dormía mucho y miraba mucho la tele y también me entretenía con libros. Me daba cuenta de que los mejores años de mi vida ya habían pasado y ahora tenía que estar un tiempo sin beber para estar mejor de salud y sin beber me tiré tres años. Eso sería en el año 2007 o 2008. Sin embargo llegó el año 2010 y cuando llegué al parque-lugar-urbanización estaban todos mis amigos sevillanos y yo llevaba ya dos meses bebiendo, fue el cumpleaños de Jaime y salimos todos por el puerto de Marbella y fue cómo recobrar la juventud perdida, en parte gracias al alcohol y ese verano lo pasé bien con los sevillanos y también saliendo por la noche con Charlie del que ya tenía su teléfono y Marta fue más receptiva al ver a tanta gente de los siempre y el 2010 fue un buen verano para todos sobre todo porque yo había vuelto a beber y estaba más comunicativo.
Lo que sucedió el verano del año 2010 es que todos empezábamos a atravesar la crisis de los cuarenta y entonces todos queríamos ser jóvenes de nuevo y volver a salir en pandilla cómo cuando éramos unos chavales, esa situación procuró para todos un buen verano y volvimos a salir todos juntos aunque sin David--que estaba trabajando en Australia ahora--y todo fue cómo al principio y sin embargo había mucho de falsedad en nuestros hábitos y mucho de autoengaño...fue un verano de nonstalgia...¡Para todos habían pasado más de treinta años y sin embargo lo pasamos bien!
Lo que sucedió es que todos de alguna manera nos estábamos despidiendo de nosotros mismos, nos estábamos despidiendo de la pandilla que habíamos sido con unas grandes fiestas y unos excesos que retrotraían el recuerdo. Era cómo los grandes fuegos artificiales al final de una verbena y luego todo el mundo a su casa a trabajar el lunes, ya nunca volveríamos a ser los mismos y la fiesta había acabado.
Entonces comprendí que haberme pasado tres años sin beber había depurado y rejuvenecido mi cuerpo. Ya no volvería a cometer tantos excesos y sólo bebía botellines y a lo sumo cuatro o cinco en toda la noche, fumaba menos y ya llevaba 10 años sin probar ninguna droga y realmente me encontraba mejor. Tenía unos sanos 40 años y otros no podían decir lo mismo porque mucha gente se seguía poniendo hasta las patas y nunca habían parado.

Pero aquellos veranos del 2007, 2008 y 2009 en los que no bebía absolutamente nada y no quise comunicarme con los pocos amigos que había en el parque...¿Qué hice? No lo recuerdo bien. Estaba cómo en una nube. En una nube por no beber. Metido en mi mundo. Saliendo a cenar con mis padres y hermanos y dando largos paseos por la playa y comiendo mucho y durmiendo mucho. Creo que también estudiaba unas oposiciones a las que luego no me presenté. Años duros para mi en el fondo. Me recuerdo merendando en el Paco, tomando ensaladillas y cerveza sin alcohol y cómo de vuelta ya de todo, cansado y harto de la vida, sin rumbo ni ilusiones. Tal vez me tomara una vez cada veinte días una cerveza normal y esa sería toda mi alegría y todo mi exceso pero creo que eso fue algo que sólo hice un par de veces, estaba decidido a dejar de beber...¿Qué hice? Leer mucho aquellos días y ver noticias de la gran crisis que estábamos viviendo en internet y estudiar mis oposiciones. Años muy tranquilos, demasiado.

Hasta que en el año 2010 volví a beber un mes de junio y volví a ser yo mismo de nuevo.

Creo que aquel verano del año 2010 y porque era verano hice algunos excesos--cuatro cervezas al día-- pero después ya no volvería a beber cómo bebía antes, ya no tomaría nunca más vino ni copas y sólo bebería cervezas y dos o tres al día y los fines de semana cuatro cañas. En el fondo lo que hice fue retirarme de una vida de excesos y por supuesto no volví a consumir ningún tipo de droga y había días enteros en los que no bebía nada y así fue cómo llegó el verano del 2011 y del 2012 y del 2013 y sólo bebería 2 cervezas al día e incluso si llegaba el fin de semana me tomaba dos o tres cervezas cómo mucho y nunca copas ni vino y comencé a no salir por la noche y a acostarme pronto, incluso los fines de semana en los que salía de siete a once y aveces incluso a las diez de la noche estaba en casa, hora en la que otros salían. Me encontraba con mis amigos en verano y ya no salía por la noche con ellos y lo que hacía era tomarme el vermut o un aperitivo y todos pensaban que me había convertido en una sombra de lo que era, pero lo cierto es que tenía mucha más salud después de toda una larga vida de excesos y yo me sentía bien así e incluso llegaba a pensar que habría un día en el que no tomaría nada de alcohol y aunque fuera muy poco lo que bebía en el fondo pensaba en dejarlo por completo algún día aunque de momento un par de cañas en una jornada no me hacían ningún daño. Sencillamente había cambiado y mis amigos seguían siendo unos juergas y por eso ya no salía con ellos por la noche para empezar porque ya no salía por la noche. Sin duda yo había cambiado pero a mejor, a tener más salud.

Y entonces comprendí que se había pasado mi  juventud.




No hay comentarios:

Publicar un comentario